Y en lugar de la acostumbrada pereza que me adhiere a la cama, lo primero que vino a mi mente, fue la verdad.
La verdad entera, hecha de pequeños retazos de objetividad, discernimiento y realidad.
Duele. Vaya que duele, pero lejos de ser un dolor opresivo, es un dolor que libera.
Se llama conciencia.
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