jueves, 8 de octubre de 2009

Detrás.



Detrás del adiós está la esperanza del reencuentro
Y detrás del olvido aparente está la memoria doliente, que esquiva, que guarda, que mira agazapada con la miopía que pinta bruma en la nostalgia.

Detrás de tu sonrisa me habla el dolor, con la impostada afabilidad del matiz de tu voz, esa tu voz de luna, que aclara a perdidos, que enjaula y alumbra, que hechiza y a la vez derrumba.

Detrás del no gracias está el sí quiero, y a la insistencia acaba blando el hierro, si, es que no quiero, cuando enmudezco, grito por dentro; cuando miento, no soy yo: es el miedo…

Regreso

Sabía que su tiempo se agotaba, que las horas se escurrían:
los minutos se derramaban sistemática e indefectiblemente.
Su corazón, trémulo latía ante la esperanza que no llegase ése día. Los sueños se iban alejando, consumiéndose lenta y sigilosamente como resistiéndose a llegar a su fin.

La quimera se eclipsaba. Su interior lloraba. Cómo fantasmas se desvanecían las ganas de cristalizar sus planes. Entre sueños; veladamente, se confundían ecos, notas volando, sonidos sincronizados forjando una melodía dulce, lenta, que mutaba y se convertía en el estruendoso lamento de un violín desesperado, frenético. Ávido de ser. Explotaban sus oídos; in crescendo sus latidos, menguando la esperanza. El tiempo agonizaba.

Entre arenas inciertas se sumergía. Cada vez más profundo en la melancolía.
Brincaba de un segundo a otro de la eufórica locura de la utopía contenta a la desoladora frialdad de la desesperanza; languidecía, despintaba el color de su semblante.

Habría querido perpetuarse en un segundo, congelar el curso de lo inevitable.
.
Entendía que dentro de lo más recóndito de sus callejones y vericuetos se encontraba aquella voz, la implacable y agazapada respuesta a toda incertidumbre. ¿Acaso puede más la comodidad? Es más fácil blandear los susurros certeros, distraer la realidad.

Decidió asirse de la fantasía y ser falazmente feliz, mientras el tiempo destila lo venidero, como migajas de pan que guían el camino que se debe andar, ella, el tiempo paladea, lo estira; abre la puerta del ensueño con la ineluctable mediocridad de quien se abraza de la negación y se conforma con la mentira efímera, que caduca pues no puede durar más de lo debido, no puede corromper lo que tiene que pasar... viene su regreso, ella debe regresar…