Cada día me siento más lejos del mundo, de todos, pero sobre todo más lejos de mi.
Y eso es lo que más me preocupa.
No reconozco quien soy,¿ será porque quizás tampoco sé quién fui?
Me cuesta cargar con el pasado que no puedo ignorar, me pesa el presente en el que me siento varada y me aterra el futuro que amenaza con ser sólo la prolongación interminable de un deja vú incómodo.
Tanto tiempo pretendiendo jugar a ser feliz, queriendo creer que todo tiene un sabio porqué. Tratando de equilibrar mis demonios con sueños y esperanzas para que al final del día, del mes, del año todo siga igual.
Cuando estoy conmigo puedo al menos dejar de fingir, quitarme las sonrisas que me invento en el día, la voz serena que imposto.
Aunque por fuera aparento normalidad, bien se que no es así, dentro, ya no hay luciérnagas ni mariposas que me inviten a volar.