miércoles, 11 de junio de 2008

LEI A CORTÁZAR

$ 45.00 pesos. Acabo de recibir mi sueldo raquítico y aprovechando que nadie inspecciona mis actos; miro de soslayo a mi alrededor, tomándo tímidamente el libro en cuestión, acaricio la portada del espécimen concebido por "un gran escritor" -de padres argentinos , nacido en bruselas- y me dirijo hacia donde el gordo y humeante de cigarro cajero se encuentra.

- ¿ Cúanto vale?- pregunto estúpidamente, cómo esperando que el tipo sea miope y me lo rebaje. Él me mira con soberbia, queriéndome insinuar -con sus dos horrendas canicas verdes, diluídas cómo una acuarela- que ya sé el precio y que no cuesta ni más ni menos de lo que la etiqueta señala.

- $45.00 pesos- gruñe con impaciencia.

Desdoblo mi liso y nuevo billete de $50.00 y palpándolo con cierta tristeza ( No siempre se tienen en mano billetes tan bonitos) , se lo acerco y el abruptamente me lo arrebata.

Hacíendo caso omiso de su mala educación y antes de que me devuleva el escaso cambio, guardo una rica sevillana que me está invitando a que me la coma y le digo que gracias.

- Le sobran 50 centavos- replica fastidiosamente.

Yo odio la presencia de las moneditas inútiles dispersas por mi bolsa y le dirijo un "así está bien".

Camino con alegría. Despues de todo, hacía mucho que no utilizaba mi dinero para algo que realmente me guste y éste librillo es una buena inversión.
Se me viene a la mente la frase de Meche , "Los libros son culturizadores".

Voltéo la portada anaranjada, de manera que los mirones callejeros con los que me topo en el trasncurso a casa, se percaten de que yo sí que leo, y ¡a quien leo!
Soy diferente...

Maldita sea: Gloria de la mano del novio patán.

- ¿Qué haciendo María?- me envuelve su horrenda e irritante voz chillona.

-Rumbo a casa- respondo automática y desangeladamente.

Dejando de lado la diplomacia y la hipocrecía la esquivo sin la intención de intercambiar algo más.

No tengo la obligación , si rememoro que Gloria es la culpable de que la familia Ramírez me despidiera, cuando soy incapaz de robar.

Gloria, siempre malintencionada, les había dicho a mis antiguos patrones que me había agenciado un costoso reloj de oro.

¡Por dios! Si supieran que Diego, su primogénito me lo obsequió un domingo, despues de hacerme el amor por sexta vez en el invernadero. ¡Pero para qué decirlo! Jamás creerían que su hijo posó su atención en una simple empleada doméstica.


Ávida de descubrir por primera vez al renombrado y valoradísimo escribidor,(¿se puede descubrir por segundas veces?) me precipito sobre la cama y sin más, abro el ejemplar.

En el prólogo se enfatiza en "La eficacia narrativa y en la envolvente ironía y humorismo latente en la trama". Lo leo sin reparo. Extraviado estará lo gracioso.

De vacaciones se fué, pero yo le hago al cuento de que entiendo a la perfección y me río sola.

Musito esporádicamente exclamaciones de entendimiento.

Con un momo de presunción, concluyo: "-¡claro...soberbio libro!-"

Muy propia yo, ensimismada en el papel de "lectora inteligente"; convencíendome a mi misma de mis dotes de comprensión literaria.

"Soy cómo una esponja que absorbe lo bueno" , me digo orgullosa.

Sonrío, asiento y reafirmo:

"- Éste libro está inundado de ironía, de humorismo y tiene una eficacia narrativa sin igual"

No le entendí nada, -pero al fin puedo decir que "leí a cortázar"- , así que...¡shhhhh!...al fín que eso, eso, nadie lo sabe...