jueves, 3 de marzo de 2011

Divagaciones I

Fue tras una sucesión de decepciones que llegué a la conclusión de que una de las mejores maneras de estar a salvo es no esperar nada. Eliminar la expectativa, no escuchar a la esperanza.

Creo firmemente que no debemos suponer, ni hacernos todo un guión sobre lo que creemos que harán los otros respecto a algo que nos atañe. No podemos postrar nuestros sueños ni lo que deseamos en base a lo que otros hagan, porque nunca podremos controlar lo que sucede, por más que lo queramos.

Podemos ser los mejores, la persona más linda de la tierra, buena samaritana, precisa, correcta y no por ello el cosmos nos cumplirá con una sonrisa complaciente todos y cada uno de nuestros caprichos, no, no, no.

La expectativa es la madre de la frustración: Deseas, esperas, te elevas y luego, si lo que deseas, esperas y te hace volar no sucede, estrepitosa caída.

Hacer lo que nos toca, lo que podemos, lo que queremos o que debe ser es lo único que podemos hacer, así tan simple y llano. Es lo único que podemos controlar: Decidir, actuar. Ser congruentes con nosotros mismos y dejar de psicoanalizar a los demás.

Ya no elucubremos sobre si Sandra quiere ser la única mujer para Alberto porque vimos cómo le guiñó el ojo y se mojó los labios. No asumas que el vecino está tramando invitarte a salir porque en esta semana ha tocado tu puerta pidiendo azúcar más de 10 veces, ni creamos que Lalo te odia porque lleva más de tres meses sin llamarte siquiera al teléfono y no escribe en tu muro.

No le endilguemos culpas ni responsabilidades al otro, a Dios ni a Mr. Destiny. “ Es que Sebastian tiene la culpa de que esté gorda porque me ilusionó y luego me rechazó y yo me deprimí y me he estado comiendo durante 2 meses toda la alacena frente al televisor, maldito bastardo, sniff, sniff”. Patrañas.

No creamos en lo que creemos, no creamos ni en lo que vemos, únicamente creamos en nosotros, en la constante posibilidad de hacer y elegir.

No hay comentarios: