jueves, 7 de octubre de 2010

Y sucedió

Sigilosamente se conformaba dentro de mi, aquel sentimiento concéntrico que me invalidaba, que únicamente me pronunciaba una verdad indefectible:

La muerte, el toro gigantesco de Buckowski, de nuevo se disponía a entrometerse a mi mundo y arrebatarme a alguien querido.

Y sucedió de pronto, tomándome desprevenida, quizás por la obstinada negación que me ayudaba a esquivar la realidad que de un solo golpe me pronunció la partida, su partida.

Esta vez no hubo palabras entre líneas (quizás aún no las he encontrado), ni presentimientos desatados en un misterioso sueño. Tampoco hubo las "últimas palabras" cómo cuando mi Padre me dijo "Cumple todos tus sueños".

Sólo quedaron los planes de escribir juntos el Diccionario de Sherloc Holmes, la promesa sin día de llevarle las películas y los documentales de la BBC "The Power of Art". Quedaron los mañanas que no se escribieron, los libros que no leí ni leeré, empolvados en sus estantes.

Pero también me quedan los buenos recuerdos, esos mismos que guareceré de el implacable y progresivo olvido...

Au revoir Tío Pipe.

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