martes, 9 de diciembre de 2008

NUNCA JAMÁS

Cuando uno es niño, el tiempo es mucho o poco según el tipo de niño y el tipo de vida o percepción.

Cuando era niña era feliz. Siempre existia la posibilidad de abrir la puerta de mi imaginación y encontrar duendes, hadas, Pitufos y esperanza.
Ver tv, sumergirse en un mundo donde siempre triunfa el bien. Reir tambien llorar. Saberte seguro, cobijado bajo el abrazo protector de las palabras
Papá y Mamá.

Pertenecer, ser, existir por y para ése núcleo acolchonado, reconfortante y tibio que es la familia.
Comer golosinas sin importar o siquiera concebir cuántas calorías, carbohidratos o grasa nos regalan
Paladear un chocolate sin temer al pecado.
Agacharse, tirarse, arrastrarse, ensuciarse, despeinarte, probar, tocar, revolver, esconder, crear, escudriñar, desarmar y volver a construir, buscar, inquirir, razonar, percibir, amar, sentir.


Y los días suceden y vas a la escuela, tareas, regaños, maestros, flojera, juegos,
tú las traes, un, dos , tres por mi y por todos mis amigos, córtalas, pégalas, pepito, zapatito blanco y azul, la vaca lechera, ¿Lobo estás ahi? listón de que color? Porque tienes los ojos tan grandes? No lo cambio por nada Duvalin.


De niña nunca senti ésta pesadez, cómo si el calendario en la pared (livianas hojas), se posara fastidiosamente en mi espalda y me gritara: “Martes 09 de Diciembre del 2008″ y la fecha se repite por 24 interminables horas de las cuales algunas me agobian, me pesan, me pisan, me alargan el martirio y acrecentan el delirio, la obsesiva necesidad de cambiar el día, respirar y saber que ya ha terminado..Uf! Todo a salvo y va de nuez y así es una y otra vez. Qué flojera. La longevidad de ésta monotonía se ha comido mi sonrisa.
Hastio senil.

¿Tiene remedio el tedio?.

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