Nada tan deprimente como una noche de viernes en absoluta soledad en un cuarto decorado al clásico estilo inglés y una sutil melodía de pop barato de fondo.
Nada tan trivial cómo lo que acabo de escribir, pero tampoco nada tan cierto cuando se tienen 20 años y no hay algo que pueda saciar las ganas de mandar todo al demonio.
Son las 7:30. Aún hay esperanza, no es tan tarde y quizás el teléfono suene cuando menos me lo espere con una voz que pregunté por mi, con la intención de sacarme de éste episodio traumático de aburrimiento crónico.
Mis dedos son atletas listos para las Olimpiadas en Atenas. No se puede más que apreciar el incontenible vaivén . Arriba , abajo, suben y bajan sobre los botones fluorescentes del control remoto:
Talk shows con inverosímiles casos, groserías, dimes, diretes.
Telenovelas lacrimógenas con actuaciones acartonadas además de la escenografía.
Películas hollywodenses con tramas recicladas y efectos apabullantes.
Deportes: comentaristas apasionados con ideas apasionadas.
Grises programas de interés político con analistas qué; empedernidos defienden su punto de vista, cómo si éste por sí solo; anulará las ideas de los otros.
Sosos programas infantiles, ni en viernes a las 8:00 se puede una mente sana salvar del agudo timbre de voz del terrorífico dinosaurio morado.
Mejor apago el televisor. No sé quien es más estupidizante, si la tv o yo.
El calendario marca que hoy es 30 de Enero. Así que mi estado anímico no se le puede atribuir al impune ciclo menstrual.
Quizás, simplemente hoy es un día donde uno todo lo ve negro. Donde ni el sabor de un empalagante Milkyway puede quitar el amargo resabio que invade la atmósfera.
¿Cómo puede uno de pronto volverse tan superfluo?
¿ Cómo es que uno entra en el juego de que los Viernes son días de antros, de fiesta, de salir de casa, de estar acompañado con amigos, cerveza y música a volúmenes atarantadores?
¿Cómo, -Dios santo-, es posible que yo, hoy Viernes a las 8:30 pm; esté más amarga que el ajenjo sólo por el simple y fútil hecho de no estar en el antro de moda con ropa diminuta, al ritmo del reggaeton?
Yo no era así.
Ahora recuerdo claramente que a mi no me gustan los antros. No me apetecen las cervezas, ni las piñas coladas, el cigarro, ni el pop y todos esos subgéneros musicales que bombardean mis oídos.
No me gusta toda la moda que me pongo para estar igual que mis amigas ni me gusta ver como mi rostro se transforma con las capas de maquillaje.
Entonces,¿por qué demonios me he convertido en una cosa que no soy?
¿A que juega la juventud?
¿En realidad va a esos lugares, usa ciertas palabras, se planta determinada ropa, se junta con cierta gente por que así lo quiera en verdad?
¿Son genuinas todas ésas actitudes similares? …¿o sólo son consecuencias de la actitud inconsciente de “querer pertenecer”?¿de sentir que encajas , que embonas, que cabes , que puedes denominarte joven?
¿O acaso joven es sinónimo de lo antes descrito?
Decir tonterías, emborracharte, jugar al sabelotodo, etiquetar a los demás especímenes con géneros como nerd, fresa, dark, hippie, skate, punketo, naco, emo…?
Son las 10: 00 y se me fue la noche pensando tonterías.
Tratando de entender tales actitudes, mis actitudes.
No sé en que momento dejé de sentir por mis propios medios, bajo mis propios estándares, con mi propio criterio.
No sé en qué momento me volví adicta a la ropa de marca ó en qué momento dejé de ser la persona que es como es, sin importarle los demás, la moda, la estúpida moda que manipula cerebros y monederos incautos como los míos.
No sé en que momento comencé a depender de mis amigas para dar un paso, para estar contenta, para “divertirme”.
Me siento analógicamente hablando; cómo el personaje de Damián Alcázar en la película “La Ley de Herodes”:
Cuando el sistema te corrompe, inmersa en una funcionamiento ajeno al mío, comportándome como alguien que desconozco.
Basta de Bluff…
Basta de apariencias.
Basta de decir “no inventes wey… cero me involucro…no es mi hit…era un niño hypercuero¡….”
Son las 10:30 y creo que éste Viernes que creí aburrido, sin chiste, asfixiante, tedioso, lleno de hastío no es del todo malo.
Al menos me estoy dando cuenta de que no tenía ganas de ir al antro con Laura, Elisa y Paola.
No tenia ganas de ponerme la ropa que ilusamente había dejado planchada sobre la cama es espera de la dichosa llamada que se supone me sacaría de esta cursi recámara adornada por mi mamá¡
Puedo de hecho divertirme sin ésas falsas formas de hacerlo.
Puedo quedarme aquí, con está cara limpia, con éste juego de pants negro, en ésta casa, con éste libro rojo a mi lado, con ésta portada roja que con letras doradas me anuncia que tengo en mis manos un ejemplar de ” El horror de Dunwich” de H.P . Lovecraft, puedo sumergirme en una sórdida lectura, que seguro me intimidará, quizás como siempre, me erizará la piel . quizás sueñe pesadillas.
Pero soy yo.
La Ana que gusta de leer.
Que goza con la soledad, la informalidad, la relajante sensación de hojas amarillentas entre mis dedos, y la concentrada mirada en minúsculas letras que me cuentan cosas que no sabía, que me hacen sentir, vivir , transportarme a otras realidades, otros mundos, desprenderme de ésta rutina, de éstos protocolos, de éstas nimiedades fatuas que me asquean….
- Ana¡ -
(Que horror , la voz de Luis , mi hermano)
–Queeee¡-
- teléfono sangrona-
- Bueno?…. ah… hola Paola… estee, pues son las 11, cómo que no tengo ganas…. no… en serio… que hago?… estoy leyendo…
no en verdad, vayan sin mi, no tengo ganas… además no estoy arreglada….
(que fastidio Paola con su insistencia tan peculiar)
- No, Paola, gracias, pero te digo que….. que dices? ..no...en serio?...no estas diciendo eso solo para que vaya verdad?…. en serio?… Javier va a ir con los chavos ?…. al Blue Lounge?… bueno, pero … es que no estoy presentable… que en media hora si puedo arreglarme?… okay…
okay¡ si si .. si voy, ya.. ya cuelga¡ que me estas haciendo perder el tiempo en el ritual de transformación¡… si, correcto… bye.. okay.
Bueno son las 11:12 y estoy debatiéndome entre ponerme la ropa que ya había destinado a ponerme hoy o si estrenar de una vez ésta blusa que me compré el miércoles cuando fui de shopping con Paola.
Ciertamente creo que este libro puede esperar.